En México, D. F., sobre
Doña Patricia España, su esposo el exjugador de futbol Miguel España y
“
La frase es una verdad indiscutible. Muchos son quienes pretenden copiar a los norteamericanos su estilo de vida; sin embargo, y por desgracia, casi siempre se copia lo negativo.
Recuerdo que un exconcuño, residente durante un tiempo en Estados Unidos, me platicó que transitando por una calle salió de pronto un perro y por mas que hizo no pudo evitar atropellarlo, y matarlo.
Me detuve de inmediato; si no, pobre de mi si huyo y me reportan con la policía. Hablé con el dueño del perro, que iba tras del animal y le comenté que había salido corriendo de pronto. Para mi buena suerte el también se dio cuenta que yo no había tenido la culpa y me libró de toda responsabilidad.
En México he visto y sabido de casos en que se agrede a un indefenso perro para demostrar que se es muy hombre. Algunos casos han terminado en pleitos.
Patricia España y su esposo Miguel España, trabajan arduamente para concientizar sobre el trato que debe darse a los animales y, como dice la nota: sueñan con una entrevista con el presidente Felipe Calderón o con el jefe de gobierno Marcelo Ebrard, para solicitar el apoyo del gobierno en su ardua y difícil labor.
¿Cuánta gente con la debida cultura y el gran corazón de Patricia y Miguel se necesitan en México para tener una actitud de respeto a los animales?
Quizá por ello, como premio anticipado, Dios que todo lo sabe, le permitió a Miguel España anotar el que se considera el mejor gol conseguido en el Estadio Azteca. Si no me equivoco, hay una placa conmemorativa de ese tanto.
Ellos, de acuerdo a
No acostumbro a usar estos espacios para mis versos, pero en esta ocasión incluyo el que lleva por título Atropellado:
Mediodía: plomo y fuego,
sudaba aroma el cerezo;
montado en cuatro patas
trotaba un hambre-perro.
Se oye rechinar de frenos,
luego, un chillido a los lejos.
No existe culpa ni falta:
sólo atropello a un perro.
Dos ópalos se inundan
de agua de dolor y miedo,
y luego los va cerrando
un sueño de azul y negro.
Una nube se detiene
mientras la mata de pelos
a puntapiés se abandona
en inmundo basurero.
Nunca tuvo pan, cariño;
no tuvo paz ni sosiego,
y su vida miserable
llega al fin de su sendero.
Algo pasa allá arriba,
algo sucede en el cielo,
Dios ha dado una orden
y un ángel prepara presto,
en un plato hecho de nubes,
sopa caliente y un hueso.
Enrique Idígoras
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